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MODELOS DE GESTIÓN BANCARIA: HACIA EL MODELO COMERCIAL

La gestión de la oficina bancaria ha pasado en las últimas décadas de un modelo administrativo a otro más cercano a la atención comercial, y en la actualidad puja por transformase en un auténtico asesoramiento comercial al cliente. Llegar a este modelo, alternativa real a las demandas de los nuevos tiempos (Internet, multiplicidad de productos, nuevo perfil de clientes y de sus necesidades y extrema competencia), supone cambios profundos en los modelos y procesos, pero sobre todo en los comportamientos de las personas. Interiorizar un desarrollo de comportamiento comercial es una de las claves para convertirse en un verdadero gestor comercial, paso ineludible para lograr el éxito de cualquier modelo de gestión bancaria orientado a la gestión y asesoramiento comercial.


Paco Muro,
Socio - director general de Otto Walter

"Todos a vender" se ha convertido en el santo y seña de la oficina de banca, convencidos de que la gestión comercial es la única respuesta a la situación actual. No obstante, cada banco lo está planteando con una fórmula diferente, cuyo factor común es que todas tienen que demostrar su eficacia. Veamos uno a uno, los modelos más habituales.

Existe un primer grupo de entidades financieras cuya visión sitúa al director de la oficina en el vendedor número uno, de forma que su función es vender al máximo. En este caso, la figura del interventor pasa a ser la del jefe interno. El interventor se ocupa de las personas y los asuntos que conllevan. La finalidad de este modelo es liberar al director de la oficina el máximo tiempo posible, empeñado en labores de gestión comercial y venta. Por supuesto, el resto participa en menor medida, cada uno hasta donde pueda.

Existe otro modelo de gestión totalmente diferente al anterior, también en práctica en muchas entidades. El director se mantiene como gerente de la oficina, con cierta actividad comercial (lógica) de grandes cuentas, pero poco más. En este caso, no está en la venta del día a día. Precisamente, para el día a día se crea la figura del gestor comercial. Del personal de la oficina, algunos pasan a tener una función de gestión comercial, incluso con cartera, con rentas medias, profesionales y empresas. En este modelo, quedan unos pocos en funciones administrativas a la par que echan una mano en la acción comercial.

En este modelo, el interventor puede, en algunos casos, llegar a ser un gestor comercial. Las carteras se distribuyen. El director dirige y los gestores comerciales venden. Hay entidades que incluso han creado departamentos centrales de apoyo para la gestión comercial de sus sucursales. Su función es apoyar en un momento concreto a una oficina en una campaña o en un proyecto de expansión. Mediante un equipo de gestores comerciales (por ejemplo ubicados en una territorial) dan servicio a la red de oficinas para conseguir más empuje comercial.

En este modelo el director comparte las funciones comerciales. Es un "teórico" todos a vender, sin asignación de cartera. Todo el equipo participa comercialmente, si bien alguno trabaja en ventanilla para atender al público. El resto, lo que podemos llamar de extensa, está en mesas, mucho más asequibles, con un "patio" más abierto, para recibir, estar y despachar con los clientes. Tienen una participación comercial activa, si bien realizan escasas gestiones fuera de la oficina.

El éxito de cada uno de los diversos modelos pasa ineludiblemente por la dimensión de la oficina. La tendencia generalizada es hacer cada vez oficinas más pequeñas. Actualmente, se mantienen oficinas con dos y tres empleados: director, interventor y uno más. Puede ser un estándar, si bien un buen modelo medio viene a agrupar al menos a 4 - 5 empleados en total, es decir director y 4 personas. Evidentemente quedan unas pocas oficinas grandes en grandes plazas, pero la mayoría se encuadran en este modelo, entre 3 y 5 personas.

Hace bien poco un director de oficina (con mucha experiencia) de una importante entidad bancaria, me comentaba que deberían prohibirse las oficinas de una sola persona. Si realmente una oficina o una plaza no tiene entidad para sustentar a dos personas, habría que cerrarla o formalizar un desplazamiento puntual un par de días a la semana. La dirección de una oficina por una sola persona siempre acaba resultando ineficaz, en opinión de expertos que lo han sufrido en sus propias carnes.

Los nuevos modelos implican alejar a los clientes de las oficinas, vía cajeros automáticos e Internet. La gran incógnita es: ¡entonces, quién vende!

Si hacemos que el cliente no venga a "la tienda" ¿cómo nos va a comprar?. Podemos acostumbrar al cliente a que se informe y pregunte a través de Internet, pero entonces me consultará a mí y a todos. Estas nuevas fórmulas corren un grave riesgo: echar literalmente a los clientes de las oficinas. La solución aparece de nuevo en la figura del gestor comercial, o asesor, ya asumida conceptualmente por la gran mayoría de las entidades financieras, si bien el modelo óptimo de gestión comercial aún está por resolver para la mayoría.

Teóricamente, el nuevo modelo supone propiciar que el cliente no frecuente la oficina pero, eso sí, cuando vaya ha de encontrar una atención de máxima calidad, simplemente porque las oportunidades de fidelización son ahora más escasas, y además, obliga a salir a por el cliente. Esta nueva situación resume el gran cambio: "antes el cliente venía; ahora hay que salir a por él".

Las nuevas tecnologías, sobre todo la banca por Internet dota al cliente que así lo desea de los medios adecuados para reducir su presencia en la oficina a muy pocas ocasiones, lo que redunda obviamente en menores colas y aglomeraciones, es decir en tiempos de espera. A simple vista la nueva situación se torna muy interesante, pero comercialmente puede ser muy peligrosa. La cuestión, a partir de ahora, es ¿quién vende y quién fideliza al cliente?

Otro aspecto del nuevo modelo de gestión comercial es su enfoque hacia las rentas medias a través de un completo servicio de asesoramiento, ya que los productos financieros son muchos más divergentes que hace unas décadas cuando la actividad bancaria a pequeños clientes se limitaba prácticamente a domiciliaciones, créditos personales e hipotecarios. En la actualidad, las rentas medias disponen de dinero suficiente para invertir en planes y fondos de pensiones, así como en otros tipos de productos, y las entidades financieras tienden a ser tiendas o centros de servicios financieros.

Por otra parte el público comienza a estar un poco informado de todo, y un poco enterado de nada. La diversidad hace que se necesiten expertos que sepan asesorar, que sepan llamar al domicilio del cliente y plantearle una cita para que rentabilice al máximo su dinero, y le aconseje en el maremagnum de productos que inundan la actual oferta bancaria. Esos expertos son los gestores comerciales, figuras imprescindibles para vender y fidelizar a los clientes.
Ahora bien, ¿quién desarrolla esta función? ¿el director de la oficina o el gestor?, ¿o el director a dirigir y los gestores a vender?, ¿o todos tienen que vender?, y en ese caso ¿quién hace el trabajo administrativo? Y mientras tanto queda una figura pendiente de reubicar: el interventor.

La figura de interventor está en entredicho, hasta el punto de que muchas entidades financieras se replantean su propia existencia como tal. El interventor era el controller interno; el que llevaba el control administrativo de la oficina. Sin embargo, la informática y la centralización de todos los movimientos, ha reducido enormemente sus funciones y tareas.

En muchos casos, el interventor se ha convertido en subdirector, incluso llega a ser nombrado así. Mantiene ciertas funciones de controller administrativo, aunque gran parte del tiempo lo dedica a gestionar el personal de la oficina, o a ser el jefe de ventas interno. En este último modelo, el director de la oficina asume el papel de "gran vendedor externo", mientras que el interventor pasa a ser un jefe de ventas interno. Director e interventor forman un equipo comercial. Así, el interventor resuelve los temas comerciales importantes dentro de la oficina y en especial cuando no está el director, y es el que coordina el equipo de vendedores que permanece "indoor". Por su parte, el director coordina toda la oficina y además a los gestores comerciales que sí salen fuera, junto con él mismo, como uno más.

¿Cómo acabará esta figura en extinción? Es otro de los retos que los nuevos modelos de gestión deben resolver, y cada entidad lo está planteando de forma diferente, lo que sugiere que unos acertarán y otro elegirán un camino equivocado.

De poco o nada sirve el desarrollo de los nuevos modelos, si los empleados no entienden el modelo comercial, o peor aún, no lo ejercen. Aún asumiendo que lleguen a entender qué se espera de ellos, lo más probable es que no sepan exactamente lo que es la venta de servicios, error que se está cometiendo y provoca que la gente no obtenga resultados fácilmente. El problema se agudiza cuando pedimos cambios de 180 0 a personas que han sido educadas en otros sistemas, y para otras funciones. Recordemos que hasta hace muy poco, en la prueba de selección de los que hoy queremos y exigimos que sean profesionales de orientación comercial, se les pedía el número de pulsaciones por minuto, y hasta exámenes de geografía. Ahora, a esos mismos, queremos hacerlos capaces de asesorar a clientes, queremos que no empleen todo su tiempo en labores administrativas, sino que se dediquen a actividades con valor comercial, ya sea apoyando o haciendo ellos mismos labor de venta. Es muy fácil de decir, y de ponerlo en papel en un organigrama, pero muy difícil trasladarlo a la realidad.

No obstante, es posible. Es posible reconvertir a las personas mediante desarrollos adecuados de comportamiento. Si a ese equipo administrativo al que se hizo un examen de escribir para entrar, ahora se les proporciona un desarrollo de comportamientos, con el objetivo de que sean capaces de entender y ejercer con profesionalidad el comportamiento comercial, muy posiblemente puedan asumir varios roles. Pero si simplemente se les da unos cuantos cursos de ventas, lo más probable es que tarden muchos años en obtener resultados, en transformar su comportamientos.

Otro de los peligros de los nuevos modelos es caer en la falacia del famoso "hacer más con menos". La idea gira entorno a justificar la implementación de los más novedosos medios tecnológicos, con el fin de reducir plantillas. En este caso no se hace más con menos, ¡se hace lo mismo con menos personas!. Para hacer más habría que mantener las mismas personas, pero ahora con más y mejores medios.


Apostar por la orientación y gestión comercial, supone también crear una estructura eminentemente comercial, con la reorganización necesaria de procesos y sistemas, que implique a los servicios centrales en el éxito del área comercial.

En el modelo tradicional de banca los servicios centrales, por ejemplo el departamento de riesgos, es "el enemigo". Es decir, el primer obstáculo del departamento comercial, ya que su papel como el velador administrativo de las operaciones está enfocado de forma que acaba perjudicando el empuje del negocio. En la actualidad, en un entorno competitivo cuya arma estratégica es la orientación y gestión comercial, tal premisa ha quedado obsoleta. Sin embargo, vemos a diario que el departamento de riesgos devuelve las operaciones que no están bien planteadas con una simple nota que dice: "denegada", o como mucho: "denegada por falta de información" o "denegada por falta de garantías necesarias". De alguna manera, riesgos viene a decir: "yo la deniego, no cumple mis normas, ahí te quedas". Evidentemente, tal actuación no es orientación comercial.

Una buena orientación comercial sería la de un departamento de riesgos que participara proactivamente de la visión comercial de toda la entidad. Por tanto, devolvería la operación, sólo que diciendo: "esta operación está denegada por tal aspecto, sugerimos plantear esto, esto y esto, y aconsejamos plantear estas otras alternativas y así podría ser viable". Sin embargo, tal respuesta hoy es inaudita e implanteable.

Hoy la entidad financiera que recomponga sus servicios centrales para que aporten valor añadido comercial al área de ventas, a la infantería, puede que consiga unas cotas insospechadas.

En la actualidad, el valor añadido del asesoramiento profesional tiene más importancia que nunca. De hecho, puede que sea la única diferencia entre entidades. La realidad es que la mayor parte de los productos bancarios son iguales, además los clientes consultan por internet, e igual que visitan nuestra web, visitan la de la competencia (ya no tiene ni que cruzar la calle), y además, el cliente ya no "pica" tan fácilmente en promociones, que raramente se plantean para fidelizar. De forma que el modelo de gestión comercial parece el único asumible en la realidad actual.

Las entidades financieras están haciendo un esfuerzo muy importante en la nueva "remesa" de personas. Se está contratando gente joven con un perfil totalmente diferente al de antaño, lo que hará que por pura evolución se llegue a una nueva banca. Pero esto hará que tengamos que esperar entre 15 y 20 años a que las nuevas generaciones tomen el relevo y además acumulen la experiencia adecuada. También podemos obtener resultados ya, desde ahora, con un buen programa de cambio interno, que incluya cambios en las personas, de forma que los veteranos puedan incorporarse a ese tren y los jóvenes puedan acelerar su evolución profesional.

Hace unos meses reunimos a un grupo de interventores de una caja tradicional para hacer uno de nuestros conocidos programas de desarrollo del comportamiento comercial. Teníamos ganas de saber cómo responderían los más veteranos ante la pregunta "¿qué es lo que queréis conseguir?". Los más jóvenes hacían comentarios referidos a "vencer el miedo escénico a la venta" y cosas de este estilo. Era curioso porque habían hecho sus cursos de técnicas de venta y habían sido fichados en esta nueva vía. Lo sorprendente fue que los más veteranos, cuando les tocó el turno, respondieron cosas como "nosotros queremos aprender", "vemos esto como un tren que viene y que es el nuevo tren. El que se sube está en él y el que no, se queda fuera", "queremos estar ahí, y necesitamos cambiar para mejorar". Sus respuestas nos demostraron que tenían una noción clarísima de lo que es este negocio, dónde está y adónde va, mientras que los más jóvenes tenían más temores y, desde luego, asumían sólo a medias este cambio inminente. Por tanto, démosles la oportunidad de cambiar. Con el grupo de interventores, vimos que la inmensa mayoría de la gente está dispuesta, siempre y cuando el proyecto de empresa sea coherente y se les ayude adecuadamente.

Gestión y asesoramiento comercial es la clave de la competitividad en el mundo de las entidades financieras, claro está con productos competitivos, con flexibilidad y con creatividad. Aunque para ello ni siquiera es imprescindible ser pioneros constantemente. En este mercado el benchmarking funciona velozmente, de forma que producto que se invente, al día siguiente lo tiene todo el mercado.

De vital importancia es reorientar los servicios centrales para que den servicio y soporte a la competitividad comercial. Este cambio de gestión ya está en los papeles, pero no está hecho, ya que es muy fácil decirlo y muy difícil hacerlo. Por otro lado, tenemos que definir el modelo de oficinas y quiénes van a vender: ¿creamos gestores comerciales?, ¿gestores comerciales dedicados?, ¿hacemos que salgan a por el cliente?.

El cambio más importante es que al cliente le hemos puesto medios para que haga sus consultas y operaciones básicas desde su casa u oficina. No queremos que haga cola para pedir un saldo, o que pierda una mañana para consultar cómo es una operación. Eso se lo facilitamos vía internet y de paso ahorramos costes, costes que se han de reinvertir en tener mucha más potencia comercial. No se trata de ahorrar costes por ahorrar, para dar este año una falsa sensación de bollantes beneficios, ya que el año que viene costará mucho más obtener esos beneficios porque, simplemente, muchos clientes se habrán ido. ¿Adónde? a esa entidad financiera que sí tiene gente que le escucha, que sí tiene gente que le atiende, que sí tiene gente que le asesora, que tiene integrado un verdadero modelo comercial.

Paco Muro
Socio - director general de Otto Walter
Publicado en Banca y Finanzas en abril de 2002

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