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EL CHOLLO DE TENER JEFE
Quien me iba a decir a mí que algún día
llegaría a afirmar esto: ¡menudo chollo que
es tener jefe! Cuando era "indio" yo sólo
me preocupaba de mi parcela de trabajo. Era muy fácil
cuestionar las decisiones de los de arriba, y mientras tanto
bastaba con cumplir con lo que uno tenía que hacer
para lucirse. Incluso me permitía proponer alternativas
e ideas, sabiendo que al final era otro el que debía
asumirlas, claro. Más tarde, como mando intermedio,
lo único que se añadía a la faceta
anterior es que me tocaba hacer hacer. Ahora tenía
que trasladar a mi equipo lo que se había decidido.
Mi ámbito para cambiar las cosas era pequeño,
y mis decisiones eran de corto alcance. No vivía
las decisiones estratégicas, y una vez más
estaba liberado de las grandes responsabilidades. Al fin
y al cabo, eran otros los que habían tomado la decisión
de ir por ahí, o lanzar ese producto, o asumir unos
objetivos, o diversificar, etc. Mi papel como cuestionador
de lo que decidían arriba seguía siendo válido
y con bula permanente.
Siempre parecía que los de arriba no hacían
nada, pues éramos los demás los que sacábamos
el trabajo adelante, y veía la figura del director
general con cierta envidia: "director y general",
eso debía ser la pera, ser el gran director con el
poder de un general. Cuando más tarde llegué
"arriba" vino mi gran sorpresa. Para empezar lo
de director-general no era precisamente como pensaba. La
lectura es más: "director en general",
es decir, director para todo. La diferencia fundamental
es que como director general todo te afecta directamente.
Antes realmente sólo me preocupaba mi área,
era mi territorio, el resto de la empresa era importante,
pero lo que ocurriera en otro departamento no era exactamente
problema mío, sino del responsable directo de ese
área. Mi papel en todo caso era quejarme por lo que
me pudiera afectar a mí o, como mucho, proponer acciones
para mejorarlo, pero allá ellos si las aceptaban
o no.
Ahora, como director general, resulta que todo te afecta,
allá donde haya un problema es algo que te toca a
ti, independientemente de quién deba resolverlo.
Los resultados de cualquier parte de la compañía
son cosa tuya, entra en tu responsabilidad directa. Encima,
si quieres mantener un buen clima, debes repartir los éxitos
y dar la cara en los fracasos. Ya nadie te da la enhorabuena
por nada, ni te felicitan aunque hayas conseguido que la
empresa mejore, o si gracias a unas decisiones personales
que tomaste a tiempo has evitado que afecte negativamente
una crisis del sector. Poco importa eso. Es como si tuvieras
la obligación de acertar, que para eso cobras un
sueldazo.
Y lo peor es que ¡ya no hay jefe al que cargarle
el muerto! Ya no se puede decir eso de: "oye, que yo
he hecho lo que tú me dijiste" y cosas así,
que te liberan moralmente de toda culpa. Ahora resulta que
si te equivocas armas la de San Quintín, y un error
tuyo puede suponer muchas pérdidas. Debes equilibrar
los esfuerzos de toda la empresa para que el conjunto resulte
un equipo coordinado. Debes anticiparte permanentemente
al futuro, tomando decisiones sobre la nada, intuyendo lo
que será adecuado mañana y a partir de ahí
decidiendo lo que se debe hacer ya hoy para llegar a ese
futuro en las mejores condiciones. Y eso "a pelo",
sin bolas de cristal ni garantías. Muchos no entenderán
esos pasos que damos hoy, muchos los criticarán porque
acabas aprendiendo que es imposible contentar a todos con
todo. Y si al final sale bien, pocos (por no decir nadie)
reconocerán la mano certera del jefe que tomó
aquéllas decisiones contra viento y marea. El mérito
habrá sido de todos, pues para los mandos y empleados
han sido sólo ellos los que lo han hecho, sin recordar
quién se la jugó pensando y marcando lo que
había que hacer.
En cualquier caso, cuando llega ese mañana, el alto
directivo ya está inmerso en un "pasado mañana"
que se avecina, y mientras ocurren muchas cosas y afloran
innumerables amenazas que "el pueblo" ignora,
e ignorará siempre ya que nuestra labor también
es transmitir seguridad y serenidad, así que las
preocupaciones nos las guardamos para evitar tensiones innecesarias
en la empresa. No, si lo del sueldazo no es por casualidad.
Ya me parecía a mí que algo oculto debía
tener eso de ser director general, porque hoy nadie regala
nada en las empresas, así que si se paga tanto el
puesto será por algo, y resulta que sí que
lo es.
Y sabemos que siempre aparecerá algún listillo
(como el que quizá fuimos antes nosotros) que dirá,
con razón, que hubiera sido mucho mejor haberlo hecho
de otra forma, que vaya burros que somos los altos directivos.
Y digo con razón porque posiblemente hasta estemos
de acuerdo, lo que ocurre es que esas voces siempre surgen
a posteriori, cuando ya se ve el resultado y la nueva realidad
ya está delante de los ojos. ¡Así cualquiera!,
el lunes está chupado acertar los 14 de la quiniela
pasada, y hasta el complementario. ¿Por qué
no llegan esas mismas voces cuando se piden ideas, soluciones
y compromisos? ¿Dónde están cuando
hacen falta valientes que arriesguen sus puestos para tomar
las elecciones estratégicas?, pues seguramente trabajando
y a la espera, porque es mucho más cómodo
tener un jefe que elija y sufra las consecuencias de sus
decisiones, porque eso de tener jefe... ¡es un chollo
descomunal!, y si encima es bueno ya es para morirse de
gusto.
Paco Muro
Consejero Delegado de Otto Walter para España y Portugal
Publicado en El Mundo - Expansión, el 30 de marzo
de 2003
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