|
|
 |
Artículos
|
 |
-Índice
de artículos-
“LA PRUEBA” DEL PAPEL HIGIÉNICO
Hace poco visité una empresa llena de letreros en los pasillos que decían: “somos un equipo”, “el trabajo en equipo es nuestro lema” y este tipo de mensajes. El propio director general de la división me comentó que “eran una piña” y que cada uno velaba por el bien del conjunto, etc, etc. Precioso y emotivo discurso.
Pero hete aquí que al salir pedí que me indicaran donde estaban los servicios. Al llegar, y como uno está ya “muy viajado”, tuve la precaución de mirar primero si había papel higiénico y, efectivamente, apenas quedaba un mísero cuadradito adherido al cilindro de cartón, prueba inequívoca de que era el último vestigio del rollo. Así que salí del servicio que atendía esa planta y armándome de valor pregunté a un joven que pasaba por el pasillo. Muy amable me contestó: “hay recambios aquí, en el armario que hay frente a la puerta, mantenimiento suele pasar al mediodía y así si hace falta reponer antes todos sabemos donde está”.
Tras agradecer su eficaz gestión volví a entrar armado de tan preciado complemento pero entonces me surgió una reflexión. ¿Quién había sido el insolidario, por no decir rufián, que utilizó por última vez ese WC? Si todos saben donde están los repuestos, el susodicho sabía perfectamente que dejaba sin existencias el servicio ¿Porqué no puso otro al salir para que el siguiente compañero no sufriera una desagradable sorpresa? ¿Ese era realmente el espíritu de trabajo de ese “equipo”? ¿Una piña? ¡Una piña de buitres es lo que eran! Cuando empecé a trabajar con la gente de esa planta no tardé mucho en comprobar que en el departamento cada uno iba a la suya, que se aparentaba lo mejor pero se hacía lo peor, que no había verdadero compromiso de grupo, que lo de equipo, ni de lejos y que del dicho al hecho había un abismo.
Entonces recordé lo ocurrido en mi primera visita y descubrí “la prueba del papel higiénico”. ¿En qué consistiría la prueba para ver si de verdad hay espíritu de grupo, de auténtico compañerismo, de avanzar juntos entre todo el equipo? Pues se trataría de comunicar a todos donde están los repuestos del papel higiénico con cualquier excusa, luego habría que dejar puesto un resto de rollo con “una sola ración” y asegurarse que así se queda cada vez que alguien lo utilice, y esperar a ver cuantos se ocupan de cuidar que no le falte al siguiente los “recursos necesarios” para salir airoso del asunto.
Por mucha fe que tenga en su equipo, si se animara a hacer la prueba y por alguna razón durante esa mañana sus tripas le exigieran una urgencia, le aconsejo encarecidamente que acuda al servicio acompañado de algún viejo informe (por ejemplo el de los objetivos que se pusieron para este año, total para lo que sirven a estas alturas) ya que así, probablemente, tendrá una solución de emergencia y se evitará una situación embarazosa.
Hablando más en serio, el concepto de equipo comienza cuando cada individuo realmente se implica en cuidar que al otro no le falte lo que uno puede aportar, que todos ganemos, que cada uno ponga de motu propio lo necesario para el bienestar general. Con los que sólo piensan en ellos mismos, con los individualistas, con los que se creen estrellas del universo, con los que sólo ven el yo, yo y yo, pocas veces se hará un verdadero equipo, una auténtica piña en la que poder confiar a ciegas que nunca te dejarán tirado si está en su mano evitarlo.
Al final me he dado cuenta de que “la prueba” es excesivamente dura, y para evitarse una frustración por el resultado es mejor no hacerla. Creo que aún no estamos preparados para un examen como este.
Eso sí, aquello me hizo pensar y de momento he empezado por aplicarme el cuento y me ocupo de que haya un nuevo rollo a nada que esté escaso el que dejo “saliente”. Y ya de paso, procuro ceder el paso en algún cruce nutrido a alguien aunque técnicamente no le corresponda, o permito que un “compañero de atasco” que desea cambiar de carril lo haga delante de mí. No sé si estos pequeños favores anónimos realmente me servirán de entrenamiento para fortalecer mi actitud y la generosidad que requiere el verdadero espíritu de equipo, pero mientras tanto he descubierto algo: te hace sentir mucho mejor el haber hecho lo correcto porque sí, el echar una mano sin más, simplemente por principios, porque es lo que hay que hacer para ser coherente con lo que uno aspira que hagan los de su entorno.
¿Hubiera pasado usted “la prueba”? En cualquier caso ¿Qué tal si empezamos todos a actuar más en equipo, a dar un poco más porque es bueno para el resto o porque es un buen ejemplo a seguir, hasta en los pequeños detalles y oportunidades que nos ofrece el día a día?
Paco Muro
Presidente ejecutivo del Grupo OW
- Volver
al índice de artículos -
- Ir al principio -