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GESTOR DE BANCA PRIVADA: LA CLAVE ESTÁ EN EL COMPORTAMIENTO MÁS QUE EN LOS CONOCIMIENTOS

En la actualidad asistimos a una auténtica explosión de la Banca Privada. Hasta hace apenas dos o tres años, este segmento se limitaba a unas pocas unidades de negocio o "subbancos" para gestionar grandes patrimonios. Hoy, por pura necesidad de competitividad, la banca privada ha comenzado a adquirir personalidad propia como una forma especializada y específica de atender y gestionar determinados patrimonios, no sólo para grandes millonarios sino incluso para baremos mucho más asequibles. De hecho, todas las cajas de ahorro gestionan ya o están abriendo una unidad de banca privada -cosa impensable hace sólo unos años-. Asimismo, hoy no hay banco que no tenga ya su departamento de banca privada o que no esté en vías de creación.

Otro dato a tener en cuenta es que el número potencial de clientes de la banca privada aumenta en la medida en que se bajan los listones. Si antes se hablaba de patrimonios superiores a los 100 millones de pesetas, hoy se manejan ya cifras en torno a los 25-50 millones de patrimonio disponible para inversiones.

Ahora bien, si se quiere tener una unidad de banca privada eficaz y solvente, no basta con crear el departamento y contratar a juniors o reubicar a gente de otras áreas para constituir el equipo de gestores comerciales. Hay que disponer de un equipo específico de gestores de banca privada. Y si no se tiene, lo primero que habrá que hacer es crearlo. El gestor de banca privada requiere, desde luego, muy buenos conocimientos. Pero eso se soluciona con un poco de formación y un buen equipo de backoffice, de especialistas a los que acudir para pedir asesoramiento. No necesita ser un super experto en inversiones, pero sí precisa saber transmitir las directrices de inversión que le marcan, es decir, sí debe parecerlo. Lo que debe tener es un nivel comercial mucho más cercano al perfil de un consultor de alta dirección que al de un gestor tradicional.

El gestor de banca privada ha de ser un profesional capaz de influir decisivamente en su cliente y ganárselo a largo plazo puesto que se trata de una gestión por relación, y debe ser el asesor de referencia para ese cliente. Debe conseguir que el cliente marque su teléfono cada vez que quiera dar un paso o tenga la más mínima duda. Debe llamar por propia iniciativa a su cliente para proponerle soluciones, negocios y alternativas, para informarle cuando las cosas van bien y cuando van mal o para ayudarle a tomar decisiones. Se trata de un nivel de gestión de orden muy superior a la pura venta. Se trata de un comercial de alto nivel que trata con clientes de alto nivel.

El gestor de banca privada debe tener un nivel de conocimientos financieros cuanto más alto mejor, pero ni basta ni es lo fundamental. Puede ser el máximo experto mundial de bolsa o de análisis bursátil y sin embargo ser un pésimo gestor de banca privada. La cualidad fundamental, imprescindible, es la capacidad de trato con clientes especiales. Por supuesto que deberá tener conocimientos técnicos y conocer las técnicas de venta. Pero un verdadero equipo ganador de banca privada debe ser un equipo de profesionales con unos comportamientos y una capacidad de trato por encima de lo habitual. Tiene que saber aguantar los chaparrones en los fallos, que los habrá, y convertirlos en oportunidades de fidelización del cliente. Tiene que saber gestionar, saber concretar, ser muy preciso, estar siempre un paso por delante, saber influir en gente con poder de decisión para que decidan en la dirección que a él le gustaría, saber comprender muy bien los deseos del otro. Se trata de una gestión individual y personal, que no admite fórmulas válidas para grupos.

El problema que se plantea es ¿de dónde sacar personas con estas cualidades y para esta nueva función? Muchos bancos lo resuelven reconvirtiendo a gente internamente y cambiando a gestores que estaban en determinadas funciones a banca privada. Pero no debe ignorarse que la banca privada supone un auténtico cambio de negocio, un cambio de estilo de gestión, y si se limita a cambiar de puesto a algunas personas, tendrá serios problemas para triunfar. Tampoco basta con un cursillo acelerado que amplíe sus conocimientos, porque lo fundamental que hay que cambiar son los comportamientos comerciales de esas personas.

La importancia de disponer de una banca privada fuerte y solvente se multiplica si se tiene en cuenta que los clientes de grandes patrimonios suelen tener a su vez un papel importante en muchas empresas. Para una entidad bancaria tener una banca privada muy potente significa que tiene acceso a un gran número de empresas igualmente potentes, y aporta negocio a todo el resto de la banca. Un fallo en la banca privada no suele limitarse a la pérdida de un cliente de 90 millones de patrimonio, sino que puede extenderse a una empresa que cancela todo tipo de relaciones con esa entidad. De ahí que no baste con un simple reciclaje, y por ello la alta profesionalidad de las personas que gestionan la banca privada debe ser una prioridad estratégica. Nosotros hemos observado que dentro de esa prioridad se cuenta con la formación técnica, pero no siempre con el desarrollo del comportamiento comercial o la involucración del resto de departamentos de la entidad con el proyecto.

El desarrollo del comportamiento es la herramienta clave para evolucionar a esas personas previamente seleccionadas, con un potencial enorme, para que lleguen a ser brillantes en su función. Y ese comportamiento puede llegar a adquirirse por dos vías: a base de experiencia, a lo largo de 10 ó 12 años, y mediante aciertos y fracasos, o bien en unos pocos meses mediante la experiencia práctica consciente y con la metodología adecuada, fórmula que ahorra no sólo mucho tiempo sino también muchos disgustos. Esa es la gran apuesta de la banca privada.

Hasta hace poco, era un segmento minoritario: Banif, BSN, Landor, etc. Desde finales de los 90, casi todas las grandes entidades, después de las fusiones, han ido concretando su pequeño, misterioso y desconocido banco de banca privada. Ahora es casi impensable una entidad financiera sin banca privada. La apuesta que se está haciendo es espectacular. Tanto, que la banca privada ocupa hoy el primer lugar entre las dos apuestas fundamentales de las entidades financieras. La segunda sería la modernización del contacto con el cliente, tanto por la integración de plataformas informáticas con orientación CRM, como la constitución de la vía internet. Todas las entidades se han esforzado para que nadie tenga la prioridad en ese sector, y hoy es normal que cualquier entidad ofrezca la conexión por internet para gran parte de sus servicios. Pero no deja de ser eso, un servicio más, que hoy por hoy no genera comercialmente más que lo mínimo que hay que tener para que el cliente no se vaya. Algo parecido a lo que supuso en su día disponer de cajeros automáticos.

El otro cambio, el de la banca privada, no es tan espectacular como el de internet, pero está muchos más orientado a resultados a corto plazo. Es una apuesta para estar donde hay que estar, no sólo en la banca generalista, sino además en ese grupo especializado y creciente de clientes de élite que todos los bancos van a disputarse. Los clientes de esta clase y tamaño nunca van a trabajar con un solo banco, sino con varias entidades. Cada una de ellas va a querer captarle para su banca privada. La guerra está abierta y sólo ganarán los mejores. Y los mejores no sólo serán los que tomen las decisiones más acertadas a la hora de asesorar al cliente, los que den mejores resultados, los que tengan más aciertos a la hora de invertir, sino los que además de disponer de un grupo de altos especialistas tengan a los mejores gestores comerciales, que sabrán ganarse la simpatía, el cariño, el aprecio, el respeto y la recomendación de sus clientes. Y eso es 100% comportamiento. De nada servirá tener magníficos técnicos. De hecho, en muchos casos se está captando gente joven para luego ubicarla en banca privada. Difícilmente pueden tener excesiva experiencia. La mayoría de los clientes de banca privada no son precisamente gente joven, porque los que tienen patrimonios altos, evidentemente, suelen tener ya una cierta edad. El gestor de banca privada debe transmitir un nivel de credibilidad excepcional, un factor estratégico que suele estar más al alcance de los senior.

En la lucha por la conquista de los clientes, empieza a tenerse en cuenta ya a lo que podríamos llamar el "cliente potencial" de banca privada. Se trata de clientes que se mueven actualmente en torno a un patrimonio de unos 15 millones de pesetas para invertir, pero que por su trayectoria, el puesto que ocupan y otra serie de factores analizables, puede terminar como cliente de banca privada. Se trata de captarlos ya, cuando aún no son bombardeados por el resto, y prestarles la atención suficiente como para fidelizarlos. De forma que cuando alcancen la talla de los 50 millones no necesiten buscar otra banca privada.

En este sentido, el trato y comportamiento no es sólo un compromiso de la unidad de banca privada, sino de todo el banco, exigiendo calidad de trato de gestión a toda la entidad, a todo el cuerpo comercial de la entidad: desde el que está en la ventanilla de una oficina remota hasta el director territorial, el responsable de riesgos o el gestor comercial.

La clave del éxito de la banca privada, que casi deberíamos llamar banca personal, está precisamente en las personas que tratarán cara a cara con el cliente. Y ahí entra en juego el saber estar y saber utilizar con talento las herramientas de gestión comercial, desde la primera visita hasta el contacto cotidiano, es más, desde la primera llamada a la última reclamación. Toda entidad que desee lograr un equipo ganador sin necesidad de traer nuevos supermanes, sino haciendo que el equipo que ya tiene consiga gestionar magníficamente, tiene a su alcance una herramienta clave y de resultados admirables: el desarrollo del comportamiento comercial a alto nivel.

Personalmente he visto los resultados y la evolución profesional de los gestores a los que hemos ayudado a "saber usar lo que sabían", como me dijo no hace mucho uno de ellos. Desde estas líneas invito a todos los dirigentes de estas unidades de negocio a que se animen a probar el contundente efecto positivo que provoca una acción de este nivel. La clave de éxito del equipo de gestores de banca privada - como ya hemos desvelado - no está en los conocimientos, sino en el uso adecuado de éstos en la relación con el cliente, es decir, en el comportamiento comercial.

Paco Muro
Socio - director general de Otto Walter
Publicado en Banca y Finanzas, abril de 2002

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