Que hacemos en:
Líderes en lograr que en tu empresa se dirija y se venda mejor
Los clientes
opinan
Zona
OW - VIP
Quiénes
somos
Contacto Prensa Obra social
Presentación
Decálogos
Test de "Madera Directiva"
Escapadas
Humor
Bestsellers
 internacionales OW
Golf y otras cosas
Artículos
Investigaciones OW

Golf y otras cosas


Campo de golf

 

Normas “PACO MURO” de GOLF para disfrutar de un magnífico día golfístico.
Especiales para Handicaps mayores de 27

Francisco Muro practicando el golf¿Cuál es su objetivo en el golf, ganar el US Open o disfrutar y hacer disfrutar a los que van con usted? Si su respuesta es la última opción, aquí van 7 normas que le harán jugar manteniendo el espíritu competitivo, con tensión, y divirtiéndose a tope sin dejar que nada malogre su día de golf. El golf sin reglas pierde su esencia, pero muchas están pensadas para buenos jugadores y la mayoría no alcanzamos esos niveles.

Por tanto, las normas diseñadas para profesionales y handicaps bajos, que tienen un margen de error en sus golpes muy pequeño, se convierten en un enemigo del disfrute y la diversión para la mayoría de los golfistas aficionados, especialmente los que tenemos handicaps por encima de 27. Así que pongo en común las normas que he ido acumulando para hacer más asequible este deporte apasionante a los más humildes.

Recuerda que a los profesionales SE LES PAGA por jugar al golf, así que es justo que se les exija todo. Pero nosotros PAGAMOS PARA JUGAR así que, digo yo, que tendremos derecho a darnos unos márgenes para disfrutar y amortizar lo pagado. El único punto importante para aplicar estas reglas es que deben quedar claras antes de empezar, y aplicarse para todos los jugadores por igual. Así nadie queda beneficiado ya que todos disfrutan de las mismas reglas.

Si se topa uno con el “tiquismiquis” de turno, que sólo admite aplicar las reglas de St. Andrews como si estuviera jugándose la Rider, se aconseja darle esquinazo y que se amargue él solo el día, que nosotros venimos a pasarlo bien. Además estas normas consiguen aligerar mucho el juego, ya que facilita su desarrollo y no se pierde tanto tiempo buscando bola o dando numerosos golpes imposibles en la maleza.

La idea es aplicar todas o alguna de estas normas, elija a su gusto las que más crea que pueden mejorar su disfrute del juego y guardar la exigencia de toda competición.

NORMAS PACO MURO de golf

  1. Se aplica el Mulligan “arrastrado”. Esto es, se permite una segunda salida en uno de los hoyos del recorrido, cualquiera que sea. Si en el hoyo uno la primera salida es buena (por tanto no “gastas” el Mulligan) puedes guardarlo para otro hoyo posterior, eso sí, sólo en un hoyo. Esta norma es una gozada y evita enfados con uno mismo.
  2. Toda bola se puede dropar sin penalidad en un radio máximo equivalente al largo de 2 palos (unos 2 metros). Esto incluye las bolas que hayan quedado fuera de calle. De esta forma se puede salvar de forma razonable el arbolito de turno que siempre queda molestando, sacar la bola de dentro de un arbusto, de una zona de matojos, etc. Si la bola queda fuera de calle a menos de 2 metros, se mete dentro de la calle para tirar sin problemas. Esto compensa el factor mala suerte, ya que muchos tiros quedan excesivamente penalizados por caer apenas dos pasitos a derecha o izquierda. Por supuesto no es aplicable ni en el green, ni en los bunkers.
  3. Si la bola cae en bunker, sólo cuenta el tiro que la saca. Es decir, si se saca la bola de un bunker al cuarto intento, contará sólo como 1 golpe. De esta forma se elimina el estrés y la injusticia del maldito bunker. El origen de los bunkers fue que los pastores ingleses usaban unos huecos de arena como refugio para sus rebaños en días de viento. ¿Tenemos rebaños los golfistas? ¿Vamos a dejar que nos amargue el día un inglés, que no se le ocurrió tapar el hueco que usaban las ovejas?
  4. En caso de bola perdida, se coloca otra más o menos por donde debía estar la que no le da la gana de dejarse ver, y se sigue tal cual, sin golpe de penalidad. ¡Ya es suficiente penalidad haber perdido la bola, leñe!
    (Esta norma se aplica sólo dentro del campo y no en caso de caer en barrancos, fueras de límite o agua. Estos últimos se juegan con las normas de siempre. Tiene la ventaja de que no se pierde mucho tiempo buscando bola. Eso sí, conviene ir con bolas suficientes y comprar bolas a los jardineros, que son mucho más baratas).
  5. Las “pifias absolutas” no cuentan y se repiten. Se considera como tal todo golpe largo en el que no se da a la bola, o se golpea tan mal (por arriba, etc...) que ésta avanza menos de unos 15-20 metros. Vamos, un churro. En este caso se coloca otra bola y se repite el golpe desde donde se pifió, sin beneficiarse de los 20 metrillos. Es importante usar esta norma con rigor: se trata de eliminar los fallos anormales, no vale para tiros malos normales que salen rodados y en los que apenas se avanza 60 u 80 metros, sino para pifias totales.
    Los principiantes, que sí suelen hacer varias de éstas en un recorrido, pueden aplicar una variante de esta norma, que es que los jugadores acuerden un número de pifias concreto que pueden repetir (por ejemplo un máximo de 3 cada uno) y si alguno las consume, las siguientes ya sí se contarán como golpe, para obligar a mejorar.

NORMA EXTRA:

El “Murigan” (en honor a mi padre, Miguel Muro, que es el que me la enseñó).

En el último hoyo, para irse siempre con buen sabor de boca, se hacen 2 salidas, y se elige entre ambas con qué bola seguir jugando. Esto permite darse un homenaje final y arriesgar en la última salida, así se va uno a casa tan contento y se evita acabar el día con una mala salida.

- Ir al principio -

 

¿Porqué juegan al golf los directivos?

Golpe de golf¿Se han parado a pensar porqué hay tantos directivos que juegan al golf? ¿Qué tiene este hobby para acaparar tanta atención? ¿Acaso su práctica tiene similitudes con el día a día del ejecutivo?

Pues sí, y más de las que cabría pensar. Empecemos por las bases: un buen golfista, para ejecutar un golpe, comienza por pararse a pensar.

Lo primero es tener claro el objetivo, dónde quiere mandar la bola, igual que un directivo lo primero que debe tener claro antes de emprender algo es cuál es su objetivo, qué pretende con esa acción.

Una vez decidido el objetivo, tendremos que valorar los peligros y riesgos del tiro para estudiar la trayectoria y después elegir el palo adecuado. De los 14 palos que contiene una bolsa de golf, tendremos que tomar uno de ellos, ese que nos ayudará a obtener el mejor resultado según las circunstancias. Igualmente todo directivo debe elegir de entre sus recursos disponibles (humanos y materiales), aquellos que le ayudarán a llegar al objetivo.

Una vez decidido esto hay que colocarse adecuadamente (stance) y coger el palo como mandan los cánones (grip), esto es esencial para poder apuntar y dar el golpe con unas mínimas garantías de éxito. Es decir, que hay que prepararse antes de golpear, igual que un buen directivo siempre debe prepararse bien antes de actuar si quiere tener oportunidad de éxito. ¿Cuántas veces se falla un golpe por no haber apuntado bien, por precipitarse en la colocación o descuidar el grip? Y ¿cuántas veces hemos “fallado” en una reunión, en una decisión, en una negociación, etc, por precipitarnos o por no haber preparado bien lo básico?.

Sigamos, una vez decidido el objetivo, los medios y haber realizado la preparación básica previa, tenemos que pasar a la acción, realizar el swing, y éste empieza con la elevación del palo (backswing). A pesar de que nuestra mente ha dado instrucciones precisas a todos los elementos que intervendrán en la ejecución de la decisión, o sea, del golpe, las probabilidades de que la cadera, el pié derecho, las muñecas, las manos, los hombros y la cabeza hagan con total corrección su papel y en su momento son mínimas. Igual ocurre en todos los elementos que participarán en la realización del proyecto decidido, alguno es muy probable que se descoordine, y eche al traste el resultado de todo el conjunto.

Lo triste es que la mayoría de las veces lo que provoca el desacierto es el ansia por ver el resultado. El fallo más común entre golfistas es levantar la cabeza antes de tiempo, para observar raudos cuál ha sido el resultado. Esta precipitación conlleva una reacción en cadena, la cabeza se alza ligeramente unas décimas de segundo antes de lo debido, y con ella los hombros, esto hace que el golpeo a la bola difícilmente sea con el centro de la cara del palo, y el desastre está servido. Los directivos también nos precipitamos a menudo por nuestra ansia y presión por los resultados, y estropeamos el trabajo de muchos, en vez de saber esperar que las cosas se ejecuten como se debe y recoger después los frutos.

Con esto llegamos a la importancia que el cambio de comportamientos tiene en común en ambas disciplinas. Por muchos conocimientos que uno acumule, ya sea en libros o en cursos, no se logrará avance alguno si a la hora de ponerse a la bola se sigue haciendo lo de siempre. Se trata de cambiar la forma de hacerlo, incluso más difícil, se trata de corregir hábitos y vicios adquiridos, y eso sólo se puede hacer con la experiencia práctica consciente, base fundamental de las metodologías de desarrollo de comportamientos. Si no cambiamos, si no mejoramos la forma de conjugar todos los elementos del swing y el juego, es mucho más difícil hacerlo correctamente. Así en el campo de prácticas, y si es preciso con ayuda externa, se engranan los diversos elementos del golf para que luego, en el momento clave, se conjunten mágicamente. Por eso los ejecutivos y mandos también precisan del desarrollo del comportamiento directivo, pues si dirigen simplemente con su “swing personal”, sin desarrollarlo, seguro que aún logrando buenos resultados, derrocharán esfuerzos, no obtendrá el verdadero potencial de su equipo, perderá mucho talento y tendrá muchas dificultades para mejorar su handicap, o lo que es lo mismo, llegar a un alto nivel. Eso sí, en el golf si uno lo desea puede ser “malo” de por vida y no pasa nada, pero en la dirección no se admite a los mediocres. O llegas a ser suficientemente bueno, o te quedas fuera.

Una vez superada esta fase de formación y reeducación, que para los buenos no acaba nunca (¿imaginan que Sergio García dijera: “como ya he ganado varios campeonatos ya no me hace falta entrenar más, ni corregir nada de mi forma de jugar?) nos encontramos con un alto potencial para dar correctamente a la bola. ¿Ya está todo? ¡Que va! esto no ha hecho más que empezar. Pronto comprobaremos que muchas veces, a pesar de realizar un golpe soberbio, la situación final de la bola es justo la más..., como diría yo..., ¿la más inconveniente?, o mejor dicho ¡la más puñetera! pues justo el último bote la hizo rodar de forma que la ramita de turno hace imposible el tiro a green. Pero no hay que desesperarse, por la misma regla del destino, muchas veces golpes más que regulares acaban con resultados sorprendentemente buenos.

Ahora, conviene no engañarse, al final si juegas bien, si realizas correctamente todos los pasos, acabas obteniendo gratificantes resultados, es decir, 4 ó 5 hoyos para disfrutar de verdad, otra media docena de golpes que te embargan de emoción, y todo el resto del campo para enfadarte contigo mismo, con tus palos, con la pelota (¿qué culpa tendrá?), con la ramita, y con el señor que inventó los bunkers, al que por cierto acabaron mandando a galeras (no es cierto, pero a menudo me reconforta imaginar que así fue).

Grupo de personas jugando al golf

La vida del directivo se asemeja más de lo que podría parecer a simple vista con el maldito juego del golf, pues también aquí, cuando haces bien las cosas es más probable que al final acabes con buenos resultados, pero seguro que en el camino encontraremos mil variantes que minarán nuestra moral, que generarán frustración, vamos, que nos hacen disfrutar de verdad y saber apreciar en todo su valor cuando por fin logramos rebajar en un solo golpe la tarjeta, o realizar ese birdie, o ese par en el hoyo imposible, que hasta ahora siempre se nos había resistido. Como lograr por fin que salga adelante esa línea de negocio que tanto trabajo costó.

Vemos entonces una coincidencia más entre la dirección y el golf, está claro que ambas actividades son para masoquistas espirituales insaciables.

Conducirse por el centro de la calle, y evitar la hierba alta de los laterales (rough) siempre es una garantía de éxito, tratar de solucionar un error con un arriesgado golpe imposible, las más de las veces, logra un efecto aún peor. Saber dar a tiempo un golpe de recuperación a calle es una virtud que pocos logran tener.

Eso nos lleva a otra similitud entre golf y dirección, las dos pueden aplicarse como lema el dicho de: “falla por malo, pero no por burro”. ¿Cuántas veces en el campo hacemos un tiro tratando de pasar entre 4 árboles, soñando con atravesar una gigantesca encina y además sabiendo que aún así lo más que podríamos obtener es tragarnos el descomunal bunker de la entrada a green? Y lo curioso es que cuando la bola da en el árbol (porque da, como es lógico) exclamamos al cielo gritando ¡que mala suerte, casi pasa!. A esto es lo que llamo fallar por burro, que si bien en el golf no es grave, pues no deja de ser un juego, en dirección es absolutamente imperdonable. A pesar de colocarnos bien, elegir bien el palo, hacer el swing, etc, muchas veces fallaremos el golpe, pues conviene recordar que no es tan fácil, pero son fallos que entran dentro de lo natural. Jugando así, con armonía y concentración, a la larga haremos más aciertos, pero fallar por no haber hecho bien lo básico, fallar por burro, eso es un error personal e intransferible.

El golf está lleno de varios pasos muy simples: sujetar un palo, girar la cadera, mantener estirado un brazo, dejar la cabeza quieta, dejar un pié quieto, desgirar el cuerpo con suavidad, vamos, que cada cosa está al alcance de cualquiera, sin embargo, la sutil y precisa coordinación de todos estos elementos es terriblemente compleja. También en la dirección hablar a los demás, concretar, supervisar, felicitar, amonestar, reunirse, acordar, imaginar, etc, puedan parecer una serie de elementos que aisladamente no ofrezcan dificultad, pero en el día a día debemos combinar y ejecutar todos estos pasos con la misma compleja coordinación, sutileza y precisión.

¿Comprenden ahora porqué tantos directivos hemos caído bajo el influjo de la pelotita? Si no lo han probado aún, anímense, disfrutarán sufriendo una barbaridad, y si ya lo conocen, seguro que comprenderán perfectamente de qué estoy hablando.

Paco Muro,
extraído de su libro El pez que no quiso evolucionar.

- Ir al principio -

inicio · mapa web · privacidad © Otto Walter 2011 · Todos los derechos reservados